De niña amaba los kukuruchos, aún me encantan; así, escritos con K.
A la vuelta de mi casa vendían cucuruchos con maíz insuflado, cancha pop, tipo mote acaramelado, en conos grandes de papel cometa, rojos o amarillos. Más allá del dulce, me fascinaba el objeto artesanal. Simpático "Kukurucho", me gusta su nombre, su sonido rítmico y su forma, presta a ser cogida en las manos y en la memoria.
Envoltorio sencillo y preciso para un piqueo callejero. Conitos como los que vi en varios puntos en Zagreb y no me resistí a probar; lo llaman KUKURUZ y es maíz (ya en sí la mazorca es algo cónica y naturalmente envuelta en su panca). De grano pequeño, ese amarillito y dulzón que va por el mundo (ya lo vi y probé por otros lares; uno rico fue en India, con ghee y especias). En la capital croata es preparado a vista, en un asador. La palabra Kukuruz designa al maíz, y sumado al conito de papel en que lo sirven, me recordó al kukurucho de mi niñez.
+ CONITOS 🍦🌲🧋🪅🎉
Aquellos conos sorpresa, los superconos de regalo con confites de bienvenida. Hace años me enteré que los daban, y tal vez los sigan dando, en jardín de infantes y en primer grado en las escuelas alemanas, al inicio del año escolar [actualización: a Paula Ursulina le tocó uno en su bievenida al primer grado] Otros conitos confites son puntas de estrella, sorpresas multiplicadas, adheridas en las piñatas mexicanas; una especial fue la que hizo Brigitte para Posadas, con algunas en versión mini, una de ellas la conservo en mi studio-flat en Lima, regalo de Navidad que compartió en el ciclo sideral 10 🪅Y cada verano los conitos preferidos, que llamamos barquimiel, me gustan, conteniendo un par de bolas de helado.

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