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Letra buscando melodía: taller de Rosa Carrasco
Letra buscando melodía: un encuentro con las letras, la música y la memoria
Una experiencia creativa en la que el lettering, el diseño gráfico, la canción y la poesía nos invitaron a viajar en el tiempo y a reencontrarnos con el placer de crear.
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Un encuentro gratificante. No necesariamente porque fueramos a aprender algo completamente nuevo, sino porque descubrimos otras maneras de mirar aquello que conocemos, recuperamos el placer de hacer algo con las manos y, por un momento, sentir la vitalidad de una época que sigue habitando nuestra memoria.
Así fue mi experiencia en Letra buscando melodía, un taller multidisciplinario realizado en el Centro Cultural de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, en el marco de la Semana de la Caligrafía.
La actividad estuvo a cargo de Rosa Carrasco, integrante de Caligráfica, y fue presentada por el maestro calígrafo Juan Luis Gargurevich. La propuesta consistía en crear una tarjeta inspirada en un disco de vinilo, con referencias a la estética de los años sesenta. Pero, como sucede con las buenas experiencias creativas, el objeto que nos llevamos fue apenas una parte de todo lo que compartimos.
Durante unas horas, las historias, las letras, el diseño, la música, la poesía y los recuerdos se entrelazaron en una experiencia que nos invitó a explorar, escuchar y crear.
De la columna de Trajano a las letras que cobran vida
El recorrido comenzó con una aproximación a la historia de las letras capitales romanas y a la huella que dejaron en nuestra cultura visual.
A partir del ejemplo de la columna de Trajano, nos acercamos a la relación entre la forma de las letras y las herramientas utilizadas para producirlas. En las inscripciones incididas en piedra, la herramienta, el ángulo, la presión y la dirección del gesto en los cortes contribuyen a definir la estructura, la apariencia y el carácter de cada letra.
La letra no es, entonces, una forma abstracta que existe al margen de su realización material. Su aspecto también nace de un gesto, de una herramienta y de la resistencia del material sobre el que se trabaja. Así, una letra incidida no es igual a una dibujada ni a trazada a pincel. Cada procedimiento abre posibilidades distintas.
A partir de esta aproximación histórica, Rosa nos condujo hacia letras más robustas, expresivas y vitales: las formas bold, con su presencia gráfica, su fuerza y su capacidad de transmitir carácter.
Fue una invitación a mirar las letras no solamente como signos que transmiten información, sino también como formas capaces de producir sensaciones, despertar recuerdos y construir atmósferas. Porque las letras también tienen cuerpo, ritmo y personalidad.
Una época de formas audaces y colores vibrantes
La estética gráfica de los años sesenta y setenta nos acompañó durante el taller. Aparecieron referencias a una época asociada con el movimiento hippie, la búsqueda de otras formas de vida, una relación más pausada con el tiempo y una renovada cercanía con la naturaleza.
Las letras adquirían volumen, movimiento y personalidad. Se atrevían a crecer, a curvarse, a ocupar el espacio y a jugar con sus propias formas.
En ese recorrido hubo una mención a la figura de Claude Dietrich, vinculado al desarrollo del diseño gráfico en el Perú y maestro de varias generaciones de diseñadores. Entre las referencias compartidas estuvo la conocida letra de la firma Hogar, con su H robusta y su identidad visual reconocible.
Me resultó interesante pensar en la capacidad de una forma gráfica para construir una imagen mental. Basta recordar una letra, un color o una composición para que aparezcan asociaciones que van más allá de lo que vemos.
El diseño también guarda memoria.
Una tipografía puede transmitir fuerza, ligereza, solemnidad o alegría. Puede hacernos pensar en una época, en un lugar o incluso en una sensación de familiaridad. La forma no es indiferente a lo que comunica.
Y cuando las letras se convierten en parte de una composición gráfica, comienzan a dialogar con los colores, los ritmos y los demás elementos que las rodean.
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Las canciones también tienen una arquitectura
La música tuvo un lugar especial en este recorrido. Rosa nos compartió una playlist que nos permitió acercarnos a diferentes expresiones de la canción latinoamericana, con referencias a Chile, Argentina, México y Brasil.
Asomaron los ecos de una época en la que la música también se convirtió en una forma de expresar identidades, inquietudes sociales y nuevas maneras de mirar el mundo. Entre las referencias estuvieron los caminos abiertos por la Nueva Canción Chilena y otras expresiones musicales de América Latina.
No se trataba solamente de escuchar canciones conocidas o descubrir otras nuevas. También nos detuvimos a observar cómo estaban construidas.
Y expuso tres ejemplos anglosajones:
Una canción también tiene su arquitectura. Sus partes se relacionan, se responden y construyen juntas una experiencia.
Las estrofas desarrollan ideas, cuentan historias y hacen avanzar una canción. Los coros, por su parte, recuperan y refuerzan aquello que queremos recordar, aquello que debe resonar en nosotros y permanecer después de que la música haya terminado.
Fue interesante descubrir cómo la música, la apariencia de los artistas, las letras y el diseño gráfico pueden dialogar entre sí, construyendo una identidad que va más allá de cada elemento por separado.
La experiencia nos permitió mirar las canciones desde otra perspectiva: no solo como melodías que acompañan nuestra vida, sino como composiciones en las que cada elemento cumple una función y contribuye a transmitir algo.
Y lo más bonito fue que disfrutamos cada uno de los ejemplos y de los pequeños descubrimientos que Rosa nos iba proponiendo. Sus explicaciones abrían nuevas posibilidades de escucha y nos invitaban a relacionar lo aprendido con nuestros propios recuerdos.
La poesía que vive en las canciones cotidianas
Rosa Carrasco se mueve entre diferentes lenguajes: el diseño, la caligrafía, la creación compartida y la literatura infantil. Esa amplitud se hizo presente en la manera de conducir el taller.
La experiencia no se limitó a observar referencias visuales o aprender sobre las formas de las letras. También nos acercó a la poesía y a la posibilidad de encontrarla en las canciones de todos los días.
Hay una poesía que no necesita ser solemne ni distante. Está en las palabras que repetimos, en las melodías que nos acompañan, en los ritmos que reconocemos sin detenernos a pensar en ellos.
Es una poesía cercana, accesible, especialmente para los niños, que muchas veces encuentran en las canciones una primera forma de jugar con el lenguaje, escuchar sus sonoridades y descubrir que las palabras también tienen ritmo.
Quizá por eso la propuesta resultaba tan natural: si las letras tienen formas, las palabras tienen sonidos y las canciones tienen ritmos, ¿por qué no permitir que todos esos lenguajes se encuentren en una misma creación?
La interdisciplinariedad del taller no consistía simplemente en reunir distintas disciplinas. Lo interesante era descubrir cómo cada una podía enriquecer a las demás.
Un disco para escribir, recordar e imaginar
El objeto que realizamos fue una tarjeta inspirada en un disco de vinilo.
En una época en la que estos discos vuelven a despertar interés, no solamente como objetos de nostalgia, sino también por su materialidad y por la experiencia de escuchar música a través de ellos, la propuesta adquirió un significado especial.
Un disco tiene peso, superficie y surcos. Se sostiene entre las manos y se recorre con la mirada. Su forma nos invita a imaginar una música que está allí, contenida en una materia que parece guardar algo más que sonido.
Durante el taller, Rosa compartió referencias sobre la organización de los discos y la relación entre sus lados, los éxitos y aquellas canciones que, sin alcanzar necesariamente la misma popularidad, podían ser las favoritas de un grupo o de sus oyentes.
Pensé entonces en todos esos pequeños universos que caben en un disco: las canciones que escuchamos una y otra vez, las que acompañan una época de nuestra vida y aquellas que quizá no fueron las más conocidas, pero que conservamos como un tesoro personal.
Nuestro disco no estaba destinado a reproducir música en un tocadiscos. Sus surcos imaginados se convertirían en espacios para escribir letras y palabras, para jugar con las formas y explorar la relación entre la composición gráfica y el universo sonoro.
Era un disco todavía por producir, pero ya dispuesto a ser leído de otra manera.
Un disco para leer con el corazón.
El regalo de crear sin otra exigencia que disfrutar
Hay algo más que quisiera destacar de este encuentro: la generosidad con la que Rosa preparó y compartió su propuesta.
Nos proporcionó los materiales y nos concedió su diseño para realizar nuestra propia tarjeta. Todo estaba dispuesto para que pudiéramos llegar, participar y disfrutar.
No tuvimos que preocuparnos por los preparativos. Bastaba con estar presentes, escuchar, experimentar y crear.
Y eso, que puede parecer sencillo, también es un regalo: encontrar un espacio en el que alguien ha pensado cuidadosamente cada detalle para ofrecernos una experiencia enriquecedora.
A veces, quienes trabajamos en educación y creación artística estamos tan acostumbrados a preparar materiales, organizar actividades y pensar en las necesidades de los demás que olvidamos cuánto bien nos hace ocupar, por un momento, el lugar de quienes simplemente reciben una propuesta y se entregan a ella.
Esta vez pude hacerlo.
Escuchar, mirar, probar, conversar y disfrutar. Dejarme llevar por las explicaciones, reconocer referencias, encontrar otras nuevas y participar en el proceso creativo sin la necesidad de tener que conducirlo.
Fue una experiencia que agradecí especialmente.
Volver a una época y sentir que también nos pertenece
Aunque la convocatoria estaba dirigida al público en general, la actividad se desarrolló en el contexto de una institución universitaria vinculada a las ciencias de la salud. Entre los asistentes había, sobre todo, docentes.
Yo me reconozco un poco en ambos mundos: el de la educación y el de la creación artística. Por eso, participar en esta experiencia fue también una oportunidad para encontrarme con otras personas desde ese lugar compartido en el que enseñar y crear dejan de ser actividades separadas.
La propuesta nos llevó a una época que Rosa aprecia especialmente, pues forma parte de sus recuerdos de infancia.
Y es que en la infancia se encuentran muchas de las imágenes, sensaciones y experiencias que pueden alimentar nuestra vida creativa durante años.
A veces regresamos a ellas de manera consciente. Otras veces basta una letra, una canción, un color o un objeto para que vuelvan a abrirse.
No se trata de quedarnos en la nostalgia. Se trata de reconocer que aquello que nos nutrió sigue vivo y puede encontrar nuevas formas de expresión en el presente.
Por eso, una experiencia como esta puede ser mucho más que un ejercicio de lettering. Puede convertirse en una pequeña puerta hacia nuestra propia memoria y, al mismo tiempo, en una oportunidad para compartirla con otros.
Volver a una época a través de sus imágenes, sus sonidos y sus formas también nos permite descubrir que no somos simples espectadores de la historia. Cada uno guarda una relación particular con aquello que ha vivido, escuchado, visto o imaginado.
Y esa relación puede transformarse en creación.
Una tarde-noche para refrescar la creatividad
Me fui agradecida por este encuentro y por la generosidad de una propuesta que reunió historia, diseño, música, poesía y creación manual sin perder la alegría del juego.
Fue una tarde-noche de refrescarse, de recuperar por un momento la ligereza de crear y de comprobar que las formas, los sonidos y los recuerdos todavía pueden sorprendernos cuando les damos espacio.
Gracias a Rosa Carrasco por compartir sus conocimientos y su entusiasmo; al maestro calígrafo Juan Luis Gargurevich, por presentar la actividad; y al Centro Cultural de la Universidad Peruana Cayetano Heredia por ofrecer estos espacios de encuentro.
A veces necesitamos precisamente eso: una invitación a detenernos, mirar de otra manera y dejarnos llevar por una idea.
Y descubrir, al final, que también nosotros tenemos una canción esperando encontrar sus letras.
El arte como forma de vida: una conversación sobre creación y paz
El arte como forma de vida: una conversación sobre creación y paz
Rebeca Dorich | Artista visual, arte educadora y curadora independiente
¿Qué significa dedicar la vida al arte? ¿Dónde comienza una vocación y cómo continúa expresándose cuando las circunstancias nos llevan por caminos distintos a la producción de una obra individual?
Estas preguntas acompañan mi trayectoria desde la infancia. Recientemente, tuve la oportunidad de reflexionar sobre ellas en una entrevista para una comunidad artística internacional vinculada a HITMA, iniciativa que propone encuentros entre artistas y conversaciones sobre el arte, la acción humanitaria y la paz.
He querido compartir aquí algunas de mis respuestas porque reúnen aspectos importantes de mi manera de entender el arte: su presencia en mi vida desde niña, su capacidad de generar relaciones y mi compromiso actual con proyectos que buscan contribuir a una cultura de paz.
El arte desde la infancia
Fragmento de la respuesta a la primera pregunta de la entrevista.
Desde niña, sentí que crear era una parte esencial de la vida. Acompañar a mi madre durante su formación como profesora, asistir a sus clases y participar en cursos artísticos me permitió descubrir tempranamente que el arte no era solamente una pasión personal, sino también un campo de aprendizaje, enseñanza y desarrollo profesional.
Mi padre, que diseñaba y creaba máquinas, me mostró otra manera de convertir las ideas en formas tangibles. Entre ambos fui descubriendo distintas posibilidades de la creatividad. Con los años, mis estudios de historia del arte, artes visuales, diseño y educación artística se convirtieron en partes de una misma búsqueda.
Para mí, el arte no es simplemente algo que hacemos: es una manera de estar en el mundo, observarlo, transformarlo y conectar con los demás.
Una colección que busca hacer circular la paz
Fragmento de la respuesta a la segunda pregunta de la entrevista.
Uno de los proyectos más cercanos a mi corazón es Postales de Arte por la Paz Mundial, una colección internacional que creé para poner en diálogo a artistas y obras de diferentes lugares y culturas.
Lo que hace significativo este proyecto para mí es que va más allá de exhibir obras. Cada postal puede convertirse en el comienzo de un encuentro: alguien descubre una imagen, responde con una palabra, un dibujo o un mensaje personal y puede compartirla después con otra persona. La obra continúa su recorrido y adquiere nuevos significados a través de esas interacciones.
He desarrollado también un formato flexible que permite que otras personas presenten la colección y creen sus propios ECOs, nuevas resonancias del proyecto, en distintos espacios y comunidades.
Me emociona ver cómo una pequeña imagen puede viajar más allá de su contexto original, conectar a personas que quizá nunca lleguen a conocerse y abrir nuevas posibilidades de colaboración.
El arte siempre encuentra otros caminos
Fragmento de la respuesta a la sexta pregunta de la entrevista.
Nunca he querido abandonar el arte. Para mí, eso significaría renunciar a algo inseparable de la vida misma.
Mi manera de entender el arte va más allá de la creación de obras individuales. Considero que una obra es algo vivo, con capacidad de conectarse con otras obras, personas, experiencias y lugares. El arte continúa creciendo a través de esas relaciones.
Aunque las circunstancias personales a veces limitan el tiempo que puedo dedicar a producir obras individuales, mi necesidad de expresión artística permanece viva. Encuentra otras formas de manifestarse mediante proyectos curatoriales, colaborativos y participativos, así como a través de la creación de oportunidades para que las obras de otros artistas lleguen a las personas.
Creo que la propia vida puede entenderse como un proceso artístico y que crear conexiones también es una manera de hacer arte.
Una conversación que continúa
Volver sobre estas preguntas me ha permitido reconocer una continuidad en mi trayectoria: desde aquellas primeras experiencias de formación artística hasta los proyectos que hoy reúnen obras, artistas y comunidades, permanece el deseo de crear y establecer conexiones significativas.
Entiendo el arte como una práctica que puede expresarse de muchas maneras. A veces toma la forma de una obra individual; otras veces, se manifiesta en un encuentro, una colaboración o una imagen que pasa de unas manos a otras.
En esa circulación encuentro una de sus posibilidades más humanas: contribuir a que nos miremos con mayor atención y respeto, y mantener viva la cultura de paz que necesitamos construir juntos.
Hagamos circular la paz. El arte nos une. El arte construye paz.
La entrevista completa fue realizada por la comunidad artística HITMA. Las respuestas originales están en inglés.
Estación-de-mariposas PAINTED-LADIES-ARE-COMING-TO-LIMA
🦋 PAINTED LADIES ARE COMING TO LIMA
Art, Nature & Imagination
A conversation with the artists
Every butterfly begins with an artwork and a curatorial encounter. Through my selection and interpretation of each artist’s work, I create a new artistic intervention: a paper cut-out butterfly that opens another way of experiencing the original work.
This process brings together the artist’s vision, my own creative practice as an artist and curator, and the imagination of the person who may eventually choose the butterfly and take it along on its journey.
Like life itself, art transforms as it moves between people and places. Each butterfly carries traces of these encounters, while its journey remains open to new meanings and possibilities.
Through these three questions, I invite the participating artists to share their creative worlds and reflect on the journey their work begins through Painted Ladies Are Coming to Lima.
Derya Avcı: Sadık Bir Dilek
Nature in Correspondence
UN DESEO SINCERO
La primera correspondencia — Derya Avcı, Türkiye / 17 de agosto — 7 de septiembre de 2026
"Nature in Correspondence" comienza con una conversación y una obra que viajó por correo desde Türkiye hasta Lima.
La artista turca Derya Avcı supo de mi proyecto: Postales de Arte por la Paz Mundial y pensó que se trataba de una experiencia de Mail Art. Conversando notó las diferencias entre mi propuesta curatorial, en la que edito e imprimo las postales para su exposición y para ser intervenidas por el público, ahí las obras de arte se reproducen a partir de un archivo digital y la producción se da en colaboración con los artistas, lo cual es diferente al tradicional arte postal, que implica otro tipo de intercambio. Se aclaró y seguimos compartiendo intereses, así surgió esta nueva posibilidad que ahora hace que retome el Mail Art propiamente dicho, donde la obra original viaja físicamente.
La práctica del Mail Art forma parte de mi trayectoria como artista y curadora. He participado en experiencias de arte postal, enviando por el mundo piezas de pequeño formato y también he realizado una exposición con obras originales recibidas desde India por correo postal, en el contexto de mi propuesta binacional Perú-India. Mi afinidad con el arte postal es fuerte y pueden notar que en mis propuestas tengo predilección por trabajar con obras en formato portable.
Mi marcado interés en promover los vínculos entre naturaleza y bienestar, valoro poder tener entre las manos y acercar a la vista del público pequeñas obras de arte que contribuyan a hacer notable esa línea. Por ello, hoy, con la obra de Derya: Sadik Bir Dilek, empieza a manifestarse este Deseo Sincero. Y abro una nueva colección centrada en la naturaleza, sus ciclos y las estaciones, permitiendo que cada artista establezca su propia relación con estos temas y que las obras viajen entre diferentes lugares y culturas.
Así comienza: Nature in Correspondence, an International Mail Art Collection
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Derya Avcı
Sadık Bir Dilek
Un sincero deseo / A Sincere Wish
Türkiye
Fecha de creación: 17 de agosto de 2026
Dimensiones: 20.8 × 16.5 cm
Técnica: Técnica mixta sobre cartulina reciclada
Recepción en Lima: 2 de septiembre de 2026
Recogida: 7 de septiembre de 2026
La obra está construida mediante sucesivas intervenciones de rotulador, con áreas de color rojo y azul, tramas de líneas y pequeños círculos cuidadosamente agrupados, manchas y gotas de pintura y la presencia de un diente de león realizado en tinta negra.
Los diferentes trazos generan zonas de gran densidad gráfica que contrastan con amplios espacios blancos. La composición combina así una estructura geométrica minuciosamente trabajada con un elemento vegetal delicado y reconocible.
Al observar la pieza al trasluz se puede apreciar el cuidadoso trabajo de las capas de rotulador: líneas colocadas unas junto a otras hasta construir las superficies de color. Es una técnica que reconozco particularmente bien por haberla trabajado durante mi propia formación vinculada a la arquitectura.
La obra incorpora también sellos de la propia artista con su nombre y datos de contacto, junto con otras marcas de identificación.
El soporte es una cartulina reutilizada, que conserva parcialmente textos en turco de su utilización anterior. La artista ha intervenido el material y ha recortado parte de la superficie original, transformando un soporte cotidiano en el lugar de una nueva creación.
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El sobre también es parte de la correspondencia
La obra llegó acompañada por un sobre intervenido artísticamente. En él aparece, dibujada en grafito, una figura femenina en movimiento, semejante a una bailarina, con un brazo extendido y rodeada de cintas que recuerdan los colores del arcoíris. A su alrededor aparecen líneas que evocan una partitura musical. En otra parte del sobre se reconocen parcialmente un pincel y una paleta con siete recipientes de color, también dibujados en grafito. Junto con las etiquetas y marcas postales, estos elementos convierten el sobre en una pequeña extensión de la personalidad artística de quien envía la obra.
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Una primera lectura
La presencia del diente de león, las manchas y la combinación entre elementos orgánicos y estructuras geométricas me producen una sensación de ligereza y expansión.
Desde mi mirada, la obra evoca el tránsito entre finales de primavera e inicios del verano. Esta es, sin embargo, una percepción personal y no una afirmación sobre la intención de la artista; será interesante conocer cómo Derya sitúa su propia obra dentro del ciclo de la naturaleza.
Precisamente esa posibilidad de encuentro entre distintas miradas es uno de los motivos para iniciar esta colección.
Cada artista puede enviar una imagen diferente de la naturaleza. Cada obra puede llevar consigo una estación, un paisaje, una memoria o una sensación. Y al viajar de un país a otro, esas percepciones comienzan a entrar en correspondencia.
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De la postal al Mail Art
Postales de Arte por la PAZ MUNDIAL y Nature in Correspondence parten de una preocupación común por el intercambio entre artistas, pero funcionan de manera diferente.
En la colección de postales, las obras son reproducidas y posteriormente integradas en una propuesta curatorial y expositiva.
En esta nueva colección, en cambio, la obra original es la que viaja.
Lleva consigo la huella de la mano de la artista, el soporte que eligió, sus intervenciones, sus sellos, el sobre, las marcas del recorrido y finalmente la presencia de quien la recibe.
Por eso, cada pieza será al mismo tiempo obra, objeto, documento y correspondencia.
La primera ha viajado desde Türkiye hasta Lima. Fue enviada el 17 de agosto de 2026, llegó a Lima el 2 de septiembre y pude recogerla el 7 de septiembre.
La colección acaba de comenzar.
First correspondence
Derya Avcı — Türkiye → Lima, Perú
🌿 Nature in Correspondence
An International Mail Art Collection





































