CHALA
Obra colaborativa de Rebeca Dorich y Jorge Máximo Vela Damonte
Presentación de la obra
El título Chala reúne dos significados profundamente vinculados a la memoria del Perú: la Chala como territorio costero y la chala del maíz, la envoltura que protege uno de los cultivos fundamentales de la vida ancestral.
Creada durante el tiempo de pandemia, esta obra nace como una reflexión sobre el cultivo, el cuidado y la esperanza; sobre la importancia de sembrar y compartir incluso en momentos de incertidumbre.
En un paisaje frente al mar, sobre un acantilado, la chala del maíz aparece como un ser vivo y espiritual. La composición del territorio y la presencia del cultivo fueron desarrolladas por Jorge Máximo Vela Damonte, mientras que la dimensión simbólica y mística surge de la visión de Rebeca Dorich: el maíz como semilla de vida, memoria y vínculo entre los seres humanos y la naturaleza.
La obra reúne simbólicamente la costa peruana a través de sus antiguas herencias culturales. La presencia de la serpiente bicéfala en forma de arcoíris, con reminiscencias de la iconografía de la costa norte del antiguo Perú, evoca una fuerza protectora y una conexión entre distintos mundos.
Desde la costa sur, los pequeños maíces con rostro de bebés, inspirados en representaciones de la cultura Nazca, aparecen como seres espirituales que acompañan y bendicen el crecimiento de la cosecha, a quienes la cultivan y al ciclo de la vida.
El sol femenino y maternal, portador de los maíces en sus manos, culmina la escena como una fuerza creadora y protectora. Al retirarse con el final del día, deja bendecida la tierra y aquello que continúa creciendo.
Así, Chala se convierte en un viaje simbólico por la costa del Perú: del mar a la tierra, de la memoria ancestral al presente, de la siembra a la esperanza.
Es una obra sobre aquello que cultivamos, protegemos y compartimos para que la vida continúe.
Diálogo con la exposición colectiva
The Inner Mirror
En diálogo con el concepto de la exposición The Inner Mirror, Chala revela una conexión profunda con la idea del espejo interior.
La obra contiene diferentes niveles de reflejo: el mundo visible y el invisible, la realidad y la dimensión simbólica, la memoria ancestral y el paisaje interior.
En el primer plano, los cultivos reales permanecen arraigados en la costa, mientras que al finalizar el día los cultivos simbólicos se alejan acompañando al sol, creando un espejo entre lo tangible y lo imaginario, entre aquello que vemos y aquello que sentimos.
Un segundo espejo aparece en la relación entre el mundo simbólico y el agua: las olas y la superficie del mar reflejan un universo interior donde la naturaleza, la memoria y la espiritualidad se encuentran.
De esta manera, Chala no es solamente un paisaje exterior, sino también un paisaje interior. La obra invita a contemplar los ciclos de la naturaleza y a reconocernos dentro de ellos, como parte de una memoria viva que continúa transformándose.
Chala propone un encuentro entre la tierra y el espíritu, entre la herencia ancestral y la experiencia personal; un espacio donde mirar hacia afuera también se convierte en una forma de mirar hacia dentro.

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